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Lecciones sobre los hàbitos

¿A quién no le cuesta empezar nuevos hábitos y fijarlos? No recuerdo de alguna vez haber escuchado de alguien que cambiar un hábito en su vida le sea tan facil como chasquear los dedos. Cambiar a propósito cuesta y en ocasiones bastante.

La gran mayoría de las veces que no podemos lograr algo no suele ser por falta de información (yo ya sé que debería hacer más ejercicio) sino más bien por una cuestión de llevarlo a la práctica. Es algo con lo que yo mismo tengo que lidiar todos los días.

Encontré un artículo escrito por Leo Babauta de Zen Habits, es muy útil para todos los que están lidiando con esto y no puedan aferrarse a los nuevos hábitos ya sea algo como comer más saludable, meditar, o salir a correr más seguido,  o cualquier otra cosa.

Se los adapto a continuación:

He aprendido estas lecciones de la forma difícil.

He estado luchando con dejar de fumar desde principios del 2000, fallando 7 veces antes de tener éxito finalmente a fines de 2005. He luchado con tener hábitos de ejercicio, con cambiar mis terribles hábitos de comida, con despertarme antes y ser más productivo, con dejar de tener tantas deudas y simplificar mi vida.

He fallado un montón y sigo fallando en ocasiones. Fue a través de esos fracasos que estas lecciones de batalla emergieron, así que no guardo ningún resentimiento a ninguno de estos fracasos. Recomiendo tener esta actitud.

He enseñado hábitos a miles de personas, además cambiar docenas de hábitos en mí mismo. Enseñar a otros me ha hecho aprender aún más. 

Y sigo aprendiendo. Eso es lo divertido.

Cambiar hábitos es una de las habilidades más fundamentales que uno puede aprender porque te permite cambiar la forma que tiene tu vida. Cambiar la forma de quién eres.

Comparto estas lecciones no como mandamientos caídos del cielo, sino como cosas que puedes llegar a intentar, en tu viaje de cambiar y aprender. Intenta uno o dos a la vez para que no te sientas sobrecargado. Puedes volver a esta lista después de haber probado esos uno o dos.

Espero que te ayuden.

  1. Cuando realizas un cambio pequeño, tu ‘normal’ se ajusta. Imagina que estás acostumbrado a un conjunto de condiciones – si te desvías mucho de esas condiciones, te vas a sentir incómodo. Ir a vivir a otro país donde no sabes hablar el idioma, no conoces a nadie, no estás acostumbrado a la comida, no entiendes sus leyes, puede ser muy difícil. Pero si comienzas haciendo un pequeño cambio, no es tan incómodo. Y después de un mes o dos te adaptas a este cambio pequeño y se vuelve parte de esas condiciones a las que estás acostumbrado. Tu nuevo normal. Cambiar tu vida de a pequeños pasos como este, un cambio pequeño a la vez, es mucho más fácil y con muchas más probabilidades de conseguirlo que intentando hacer muchos cambios grandes a la vez. Cambia gradualmente tu estado normal.
  1. Los pequeños cambios son más fáciles de empezar. Un cambio grande no solo requiere de tu compromiso mental, sino también más tiempo y esfuerzo. Si ya tienes el tiempo ocupado con otras cosas, te va a costar mucho encontrar tiempo para empezar tu hábito nuevo. Puede que llegues a hacerlo una o dos veces (ir al gimnasio por una hora) pero ese hábito va a estar muerto antes de empezar a no ser que le pongas un esfuerzo extraordinario. Un cambio pequeño (algunas flexiones de brazo en la mañana) son mucho más fáciles para comenzar. Puedes empezar ahora mismo, mientras lees este artículo. Hacer que sea fácil empezar un hábito va a hacer que sea más fácil que lo termines haciendo.
  1. Los pequeños cambios son más fáciles de sostener. Si comienzas con un cambio grande (Ir al gimnasio por 30 minutos todos los días). Puede que seas capaz de comenzar con todo el entusiasmo que tenías al principio. Pero ese entusiasmo en algún momento se va a ir acabando, dependiendo de tus niveles de energía y sueño, que más te esté pasando en la vida (como estar justo en la semana de exámenes finales), interrupciones en la rutina, etc. Y eventualmente lo más probable es que falles. Pero si haces el hábito bien pequeño al comenzar, es mucho más probable que lo consigas sostener por más tiempo. Es más fácil mantener andando una cosa chiquita que una grande. Y mantenerlo andando es lo que importa.
  1. Los hábitos están atados a desencadenadores. Cuando el desencadenador sucede, el hábito lo sigue, si está bien arraigado como un hábito. Por ejemplo, algunas personas, al llegar al trabajo lo primero que hacen es encender la computadora. Inmediatamente después de eso hacen otro hábito (como entrar a Facebook). La atadura de los hábitos a los desencadenadores se vuelve más fuerte con muchas repeticiones.
  1. Los hábitos con desencadenadores variables o múltiples son más difíciles. Si quieres meditar cada mañana después de que despiertas y tomas tu típico vaso de agua (por ejemplo), te será mucho más fácil crear este hábito con un solo desencadenador en lugar de otros que requieran por ejemplo: 1) un desencadenador que varía, como no reaccionar con ira cuando alguien te crítica (no sabes cuándo va a suceder el desencadenador), o 2) diferentes tipos de desencadenadores, como fumar lo cual puede ser desencadenado por estrés u otra gente fumando o tomando alcohol o café, etc.
  1. Aprende a hacer los hábitos más fáciles primero. Si intentas hacer los hábitos más difíciles (como aquellos en los que hay desencadenadores variables o múltiples, o algunos que no te gustan o te cuestan mucho), y no tienes habilidad en crear hábitos, tienes menos probabilidades de tener éxito. Se recomienda mucho empezar con los hábitos más fáciles primero, aquellos que solo requieren de dos minutos de tu día, están atados a un sólo desencadenador, que disfrutas y te son fáciles. ¿Qué caso tiene intentar formar un hábito fácil? Bueno, puede que te sea más difícil de lo que crees, pero también, estás trabajando en tu habilidad para crear hábitos. Y más importantemente, estás construyendo confianza en ti mismo.
  1. Construye confianza en ti mismo. Lo que me faltaba antes de volverme mejor en cambiar hábitos era la confianza de que era capaz de apegarme a ellos. ¿Por qué? Porque había fallado tantas veces antes, permitiéndome romper las promesas que me hacía a mí mismo porque era más fácil que cumplir con mi promesa. Es como si otra persona te estuviese mintiendo constantemente, no confías más en esa persona. Lo mismo es cierto con las promesas que te haces a ti mismo. Y la solución es la misma, construir confianza de a poquito, con pequeñas promesas y pequeñas victorias. Hacerlo toma tiempo. Pero podría decirse que es la mejor cosa que puedes hacer.
  1. Los cambios incrementales suman hasta hacer grandes cambios. Esto puede tener sentido para ti de forma superficial, pero no creo que mucha gente lo sienta tan cierto en el corazón. Todos queremos los cambios que queremos, y los queremos ahora. No podemos dejar de lado algunos de esos cambios para enfocarnos en uno, porque de esa forma no obtendríamos lo que queremos, ahora mismo. He visto esto tantas veces. Gente que quiere hacer 10 cambios a la vez y no puede enfocarse en uno solo. El tema está en que hacer muchas cosas a la vez, o cambios grandes, hará que tengas menos posibilidades de conseguirlo. Pero si te enfocas en cambios pequeños, vas a conseguir cambios poderosos en el largo plazo. Intenta cambiar tu dieta y actividad física de a poquito, y después de un año, estarás en mejor forma que antes. Intenta algo nuevo de a poquito, si puedes sostenerlo en el tiempo, en 6 meses serás mejor en eso. Es lo que he visto en mi vida y ha tenido un gran alcance.
  1. No importa en qué cambio te enfoques primero. No estamos yendo por el corto plazo, estamos yendo por cambios sostenibles en el largo plazo. Puede ser difícil darse cuenta en que es lo que deberíamos cambiar en este momento, porque eso significa dejar de lado otros cambios importantes. Y he visto mucha gente dar vueltas y vueltas sobre qué cambio hacer primero, porque piensan que el orden importa. Seguro, quizá sea más óptimo aprender a meditar primero antes de cambiar la forma en que comemos, pero ¿sabes lo que no es óptimo? No hacer cambios. En el largo plazo, si elijes un pequeño cambio a la vez, vas a tener todos los hábitos importantes formados. Así que honestamente, solo elije el que más sientes que deberías estar haciendo, el que más llegas a disfrutar.
  1. Los niveles de energía y sueño importan mucho. Ya he hablado sobre esto, pero si estás durmiendo poco, vas a estar cansado y no vas a tener muchas energías para enfocarte en cambiar hábitos. Eso está bien si tu entusiasmo por el hábito es alto, pero en los momentos en que las cosas se ponen difíciles, vas a evitar el hábito porque no vas a tener fuerza de voluntad suficiente para sobrellevar la incomodidad del cambio. Dormir importa.
  1. Lidiar con las interrupciones es una habilidad que se aprende. Una de las mayores causas de fracasos en cambiar los hábitos son nuestras interrupciones en la rutina. Irnos de viaje, tener un proyecto grande de trabajo que requiere trabajar hasta tarde, tener visitas, resfriarnos. Este tipo de cosas cambia tu rutina normal, lo que hace algunas cosas con el hábito que se está formando: 1) El desencadenador no ocurre (si, estás enfermo puede que no te levantes y te duches, por ejemplo, si ducharte es tu desencadenador), y 2) puede que estés tan ocupado o cansado que no tengas tiempo o energía para hacer el hábito. Entonces ¿cómo haces con este obstáculo? Anticípate. Planea tomarte una pausa mientras estás viajando (por ejemplo), o tener un desencadenador nuevo mientras el viejo esté temporalmente interrumpido. Este tipo de anticipación y planeación es una habilidad que puedes aprender, y que te ayuda a ser mejor en crear nuevos hábitos.
  1. Piensa con anticipación para evitar obstáculos previsibles. Además de las interrupciones en tu rutina, hay otras cosas por las que te puedes anticipar. Por ejemplo, si estás intentando cambiar tu forma de comer (así como dejar la azúcar) y vas a un restaurante con tus amigos o una fiesta de cumpleaños, ¿qué vas a comer? ¿Cuál va a ser tu estrategia si hay cosas con azúcar (y seguro que las va a haber)? Si te olvidas de estos detalles hasta que pasen, no vas a estar preparado y es menos probable que te puedas apegar al hábito. ¿Cómo y dónde vas a hacer ejercicio cuando estés de viaje? Anticípate y prepárate.
  1. Observa con atención tus pláticas internas. Todos hablamos con nosotros mismos. Es solo que no siempre es tan obvio, porque mucha de estas pláticas internas suceden en la parte de atrás de nuestras cabezas, pasando desapercibidas la mayor parte del tiempo. Eso es normal, pero cuando lo que te dices a ti mismo es algo negativo, puede arruinar absolutamente el cambio del hábito. Si tus pláticas internas incluyen cosas como “Esto es muy difícil, no puedo hacerlo, ¿por qué me estoy haciendo sufrir?, dejarlo por hoy no va a hacer nada, está bien renunciar, esto es muy duro, odio esto”… necesitas darte cuenta o lo más probable es que falles. Tienes que darte cuenta de lo que te dices a ti mismo y reconocer que no es cierto. Luego de eso decirte cosas positivas. Esta es una de las cuestiones importantes.
  1. Mejora tu habilidad para observar pero no actuar ante los impulsos. Cuando sientas la necesidad de fumar, o comerte una bolsa entera de Doritos, de no meditar, de perder el tiempo o no hacer tu sesión de correr de la mañana… puedes poner una pausa y observar pero no actuar ante tal impulso. El impulso muchas veces pasa desapercibido, y uno actúa en consecuencia. Pero puedes observar sin actuar. Puedes darte a ti mismo la elección. En el momento en que estás observando, ve a lo más profundo y recuérdate tus fuertes motivaciones.
  1. Ten fuertes motivaciones. Es fácil decir, “¡Sí! ¡Me encantaría aprender a programar!”. Suena genial. Pero que algo suene genial no va a hacer que el hábito se mantenga cuando las cosas se pongan duras. Necesitas una motivación más fuerte. Tener una mejor salud así no sufrir tanto, querer crear una buena vida para tus hijos, querer ayudar a la gente que lo necesite. Verse bien no es una buena motivación, pero sentirse fuerte y con miles de posibilidades lo es. Escribe tu motivación en un papel. Recuérdatelo cuando las cosas se pongan difíciles.
  1. Utiliza la rendición de cuentas a tu favor. Los procesos de retroalimentación te ayudar a que sigas haciendo un hábito o a alejarte de él. La azúcar y las drogas tienen procesos de retroalimentación que son buenos para formas hábitos (obtienes placer de hacer el hábito, sufres si no), mientras que el ejercicio muchas veces tiene una retroalimentación equivocada (es difícil hacer el hábito, es más disfrutable ver la tele y no hacer nada). Sin embargo, es posible hacer reingeniería de los ciclos de realimentación, y tener que rendirle cuentas a alguien es una de las mejores formas de hacer eso. Si te vas a encontrar con un amigo a las 7 de la mañana para ir a correr, te vas a sentir muy mal si no vas, y te vas a sentir bien si vas con un amigo porque puedes disfrutar de una conversación. Bum. Ahí tienes un nuevo ciclo de retroalimentación. Lo mismo que cuando blogueas sobre tu hábito a una audiencia, o tienes un equipo a quien rendirle cuentas.
  1. Los desafíos funcionan muy bien. Los desafíos cortos de 2 a 6 semanas pueden ser muy motivadores. Quizá sea un desafío entre tú y otra persona (tú y un amigo), o un desafío de grupo. Es una forma de rendición de cuentas que es divertida, y que también, ayuda a cambiar los ciclos de retroalimentación de forma positiva. Algunos ejemplos de estos desafíos pueden ser: nada de azúcar por un mes, o hacer algo de ejercicio todos los días por 21 días, o apegarse a una dieta por 6 semanas, etc.
  1. Las excepciones llevan a más excepciones. Es realmente fácil justificar no hacer algo por un nuevo hábito (o seguir haciendo un viejo hábito que estás tratando de dejar) diciendo “Una vez no va a hacer nada”. Excepto que si lo va a hacer, porque ahora vas a pensar que está bien hacer excepciones. Y eso va a causar que no confíes en ti mismo cuando se trata de cumplir con tus promesas. Es mucho más efectivo no hacer excepciones, cambiar la forma en la que estás pensando sobre el tema cuando lo justificas, y recordar tus motivaciones. Cuando dejé de fumar, me dije a mismo nunca más ni una sola pitada.
  1. El hábito es la recompensa, no una obligación. Agregar recompensas externas puede ser una manera útil de tener buena retroalimentación para hacer el hábito, pero la mejor recompensa posible es interna. La recompensa de hacer el hábito. Entonces vas a tener una recompensa inmediatamente, no después. Por ejemplo si crees que hacer ejercicio es horrible, vas a tener una mala retroalimentación mientras haces el hábito. No vas a permanecer haciéndolo por mucho tiempo. Pero si encuentras formas de disfrutarlo (hacer ejercicio con un amigo, ver los aspectos disfrutables, jugar un deporte que te encanta, ir a hacer hicking y encontrarte con vistas asombrosas, etc.) vas a tener una retroalimentación positiva mientras haces el hábito. Cambia tu forma de pensar. el hábito es una linda recompensa, una forma de cuidarte a ti mismo. No lo veas como una obligación que tienes que completar, o lo terminarás evitando.
  1. Intentar cambiar muchos hábitos a la vez significa que probablemente fallarás. Intenta el siguiente experimento: hacer 5 hábitos a la vez. Mira con cuantos llegas a tener éxito. Luego intenta uno solo y mira por cuanto tiempo permaneces haciéndolo. En mis experimentos, un solo hábito a la vez da mayores posibilidades de éxito que dos, y exponencialmente muchas mayores que 5 o 10 a la vez.
  1. Reconoce cuando las cosas te distraen. Al principio, podemos llegar a estar muy concentrados en un nuevo hábito y ponerle mucha energía al mismo. Pero otras cosas pueden saltar, podemos encontrarnos con otra nueva cosita brillante en que poner la atención y rápidamente, el ahora viejo habito de cambiar lo dejamos de lado. Esto me ha sucedido muchas veces. Aclaro, no estoy diciendo que los hábitos tienen que ocupar todo tu espacio mental y tiempo libre. Eso tampoco es saludable. Pero si te puedes concentrar por una pequeña cantidad de tiempo cada día, vas a disfrutarlo y tener ganas de que llegue el próximo momento de hacerlo. Si eso está fallando, quizá sea momento de volver a examinar tus motivaciones y prioridades, y dejar el hábito que estamos intentando formar o volvernos a concentrar en él.
  1. Un blog es una herramienta fantástica. Cómo dije, rendir cuentas hace una diferencia enorme en los ciclos de retroalimentación del hábito. Bloguear es una muy buena forma de tener rendición de cuentas. Tan pronto como comienzas a compartir lo que has estado haciendo y lo que has estado aprendiendo, te fuerzas a enfocarte en el hábito, lo que hace que lo que aprendas sobre él y ti mismo sea una experiencia mucho más profunda.
  1. Los fracasos son una herramienta de aprendizaje. Vas a fallar en tus intentos de cambiar tus hábitos. Eso es seguro. Pero en lugar de ver eso como un fallo sobre ti como persona (no lo es), míralo como una forma de aprender sobre ti mismo y el cambio de hábitos. Cada persona es diferente, lo que funciona para mí no va a funcionar necesariamente para ti. Y no lo sabrás hasta que no intentes y falles. Cuando fallas, aprendes algo nuevo, y eso te ayuda a ser mejor.
  1. La forma en la que lidias con los fracasos es clave. Cuando muchas personas fallan, se sienten mal sobre sí mismos y se rinden. Es por ello que pasan tantas dificultades al intentar cambiar un hábito. Si en lugar de ello, se levantaran y lo intentaran nuevamente, quizá con un pequeño ajuste a su método (ponerle un poco de rendición de cuentas, por ejemplo), obviamente tendrían muchas mayores posibilidades de conseguirlo. La gente que consigue cambiar sus hábitos no es aquella que no falla, es aquella que lo sigue intentando luego de cada fracaso.
  1. Ajusta o muere. Asimismo, cambiar hábitos se trata de aprender a ajustar. ¿Un nuevo trabajo? Eso va a cambiar cosas, entonces necesitas ajustar tu hábito. ¿Te perdiste algunos días? Fíjate que está mal y ajústalo. ¿El hábito no se disfruta? Encuentra nuevas formas de hacerlo disfrutable. ¿Tu plática interna está saboteando tus cambios de hábito? Enfócate en estar más atento de esa plática contigo mismo así puedes resolver el problema. Ajusta, ajusta, ajusta.
  1. Consigue apoyo. ¿A quién vas a acudir cuando las cosas se pongan difíciles? ¿Cuándo necesites aliento? ¿Cuándo fracases? Ten un amigo que te respalde. Yo tenía uno cuando dejé de fumar y también en otras ocasiones. Si comienzas sin apoyo y fallas, está bien. Ajusta encontrando a alguien que te ayude. Este puede ser tu esposa o esposo, tu mejor amigo, padre hermano o compañero de trabajo. O quizá puedas encontrar un grupo de soporte en línea. Esto hace una gran diferencia.
  1. Te limitas a ti mismo. Muchas veces, le sugiero a la gente que deje algo como el queso, la azúcar, o la cerveza, aunque sea por un tiempo corto. Ellos responden: “¡Jamás podría dejar mi queso!” (o carne, o golosinas, etc.). Bueno eso es cierto si lo crees. Sin embargo, hemos aprendido que muchas veces pensamos que no podemos hacer algo cuando si podemos. Recientemente estuve hablando con una chica que estaba muy segura de que no podría dejar de comer cosas de la panadería. Se está limitando a sí misma con esta creencia. Todos lo hacemos de alguna forma u otra. Pero si eres capaz de examinar tus creencias y estás dispuesto a ponerlas a prueba, te vas a encontrar muchas veces con que no eran ciertas.
  1. Acomoda tu entorno para el éxito. Si planeas dejar las golosinas, deshazte de todos las que tengas en tu casa. Pídele a tu esposa su apoyo no haciendo o comprándote golosinas por un tiempo. Dile a tus amigos que no vas a comer golosinas y pídeles que te apoyen. Si, esto puede requerir que otros hagan algunos ajustes, pero si les pides ayuda de forma amable, ellos muchas veces van a estar contentos de ayudarte. El punto es, encuentra forma de crear un entorno en el que seguramente tengas éxitos. Crea rendiciones de cuenta, recordatorios, busca apoyo, disminuye tentaciones y distracciones.
  1. Solamente ajusta tus cordones (agujetas) y sal a la puerta. Reduce la barrera para comenzar el hábito. Cuando necesito ir a correr, muchas veces pienso en lo duro que es, en cuanto va a tardar, en que me va a hacer frío, etc. Así altero mi estado de ánimo para no hacerlo. Pero cuando tengo como regla “solo atarme los cordones y salir a la puerta” es tan fácil que es difícil decir que no. Así es como lo hago. Tan fácil como sea posible. Una vez que estoy afuera en la puerta, estoy contento de haber empezado y las cosas van bien. Para meditar, solo pon tu trasero en el almohadón. Para escribir solo abre tu programa de escritura y escribe una sentencia.
  1. Especifica tus pausas. Si vas a estar de viaje y sabes que no vas a poder apegarte a tu hábito, por ejemplo, pon las fechas en las que vas a pausar el hábito de forma anticipada, en lugar de dejar que se te escape y después pienses que fallaste. Y ten una fecha en la que vas a volver a la pista, pon un recordatorio para que no te olvides. Esto va ayudar a que puedas mantener el hábito.
  1. Los hábitos son situacionales. Un hábito está atado a un desencadenador, pero en realidad el desencadenador es todo un entorno. Entonces si tu desencadenador es tu ducha de la mañana, es genial, pero no es solo la ducha. El desencadenador es tomar la ducha en tu casa, salir afuera, ver algo en tu baño que de alguna forma te impulsa a ir y meditar (o cualquiera que sea tu hábito). Por lo tanto, si tomas tu hábito en otro baño de tu casa, o en un hotel, el desencadenador no funciona. Lo mismo es cierto si recibes una llamada mientras sales de la ducha o si tu esposa viene y te abraza, interrumpiendo el desencadenador. De cualquier forma, no hay mucho para hacer con esta información. No puedes controlar todo en tu entorno, pero estar consciente de los sutiles cambios en el entorno que afectan tu hábito te pueden ayudar a comprender que está sucediendo.
  1. Aprende a afrontar la vida de otras formas. Muchas veces los malos hábitos son formas de afrontar una necesidad real, como el estrés o malos sentimientos sobre ti mismo o una pelea con el ser amado. La necesidad de afrontar estas cosas no se irá, entonces el mal hábito se vuelve como una muleta. Puedes encontrar otras formas de afrontar la vida que son más saludables, no necesitas más esa muleta.
  1. Sé amable contigo mismo.  Vas a fallar, y puedes llegar a ser muy duro contigo mismo, sentirte culpable y pensar que eres basura. Eso no va a ayudar, para nada. Ser bueno contigo mismo es una buena habilidad para los hábitos, si lo acompañas con ajustes que te permitan mejorar tus métodos. Para ser amable contigo mismo: recuérdate a ti mismo que difícil es ser feliz, y que estás luchando con encontrar la felicidad más allá de las cosas que te causen estrés, frustración, ira, irritación y decepción. Es difícil. Ten empatía contigo mismo. Se comprensivo y compasivo. Te ayudará mientras ajustas y lo intentas otra vez.
  1. La perfección es el enemigo de lo bueno. Muchas veces la gente se esfuerza mucho por la perfección, pero esta se pone en medio del camino del progreso. El progreso es mucho más importante que la perfección. Si te encuentras a ti mismo no empezando un hábito nuevo porque esperas circunstancias perfectas, o no meditando porque esperas tener el tiempo y el espacio perfectos, ono escribir porque esperas la herramienta perfecta, o no siendo feliz porque no has sido perfecto con el hábito, deja tus expectativas y simplemente haz lo que tienes que hacer.
  1. Tener un compañero de ejercicios hace maravillas. Para el ejercicio, el método más efectivo para mi es tener un compañero de ejercicios. Eso es cierto tanto para ir al gimnasio, hacer Crossfit, yoga, salir a correr o hicking. Cuando no tengo un compañero de ejercicios, mi frecuencia puede llegar a decaer seguido. Este concepto puede ser aplicado a cualquier hábito con el que estés lidiando.
  1. Los hábitos son herramientas para aprender sobre uno mismo. Cambiar un hábito no solo es una forma de agregar algo nuevo a tu vida. Son herramientas para que aprendas sobre ti mismo. A través del proceso de cambiar un hábito, puedes aprender de qué es lo que te motiva, de tus pláticas internas, tus racionalizaciones, tus impulsos, tus recompensas internas y externas, tus debilidades, amabilidad, tu progreso y tus posibilidades de crecer. Puedes llegar a aprender mucho más de ti mismo pasando a través de unos pocos meses de cambiar un hábito que lo que has aprendido en la última década, si prestas atención y estás presente en el momento. De esa forma, cambiar un hábito es un proceso extremadamente gratificante, más allá de los resultados.